Redescubrirse a los 50: mi mirada hacia el presente. He elegido este título porque centrarme en el presente es algo que intento practicar en mi día a día: enfocarme en el aquí y el ahora de forma consciente, y transmitir esa mirada a quienes acompaño.
En su último artículo, Angela hacía un recorrido por las cinco décadas de su vida, compartiendo recuerdos, aprendizajes y la manera en la que acaba de cumplir los 50: con agradecimiento por lo vivido y apertura al futuro.
A mí, cumplir 50 me ha supuesto, entre otras cosas, un tiempo de ajustes y también de reflexión. El cuerpo cambia, la energía no siempre me acompaña igual y surgen preguntas que antes quizá no estaban:
- ¿Qué necesito ahora?
- ¿Qué quiero priorizar?
- ¿Cómo quiero cuidarme mejor?
Son cuestiones que no solo aparecen en esta etapa vital, pero ahora soy más consciente de la importancia de encontrar respuestas y, sobre todo, de ponerme a ello.
La menopausia y la posmenopausia forman parte de este proceso que estoy viviendo, pero no son la causa de todo. Además, no todas las mujeres vivimos esta etapa de la misma manera, y eso es importante recordarlo.
En mi caso, mi relación con la maternidad fue distinta a la de muchas mujeres. Nunca fui madre biológica; mis hijos llegaron a mi vida por adopción, desde Vietnam.
Pero sé que hay mujeres que no han tenido hijos, ya sea porque no lo han querido o porque no pudieron, y que a veces sienten que eso pesa todavía.
Como veis, esta etapa vital se vive de formas muy distintas, y cada una de nosotras llega con su historia, su cuerpo, sus vínculos y su propio recorrido. Para mí, todo esto ha hecho que mi relación con el cuerpo, la fertilidad y el paso del tiempo sea diferente, y que hoy, al mirarme desde los 50, necesite detenerme más para comprenderla y ponerle palabras.
Compartirlo ayuda a recordar algo esencial:
«No hay una única forma de llegar a los 50, ni una sola manera de sentir o de vivir los cambios.»
Además de los cambios físicos y emocionales, esta etapa suele venir acompañada de experiencias que nos tocan profundamente.
El año pasado falleció mi padre y, como suele ocurrir en este momento de la vida, en mi entorno varios amigos han vivido también la muerte de sus padres.
Sin darnos cuenta, empezamos a ocupar un lugar distinto en la cadena generacional. Cambia la relación con nuestros padres, cambia la mirada hacia nuestros hijos (si los tenemos) y cambia también la forma en la que entendemos el tiempo y la vida.
Todo esto convive con la menopausia, con los hijos adolescentes (si los tenemos), con las preocupaciones cotidianas, con el cansancio acumulado… y a veces lo sentimos como un movimiento interno difícil de explicar, pero muy real.
Muchas mujeres que están en esta etapa expresan en consulta —y también en conversaciones informales— una sensación compartida: la necesidad de parar y escucharse más.
Aguantan menos lo que ya no encaja, son más conscientes de lo que sienten y tienen ganas de vivir de una manera más fiel a sí mismas.
Debéis saber que:
«Esto no es fragilidad ni debilidad, es CONCIENCIA.»
Quizá esta etapa no venga a exigirnos más, sino a invitarnos a una relación más sincera con nosotras mismas.
Cuidarte emocionalmente ahora no significa tenerlo todo claro ni vivir este momento sin altibajos. Significa:
- permitirte estar como estás, sin más, sin exigencias innecesarias
- escuchar tu cuerpo sin convertirlo en enemigo
- dar espacio a lo que sientes sin minimizarlo
- aceptar que algunas prioridades cambian y que eso también forma parte de crecer
No se trata de volver a ser quien eras ni de convertirte en alguien completamente distinto. Se trata de vivir con más conciencia la mujer que eres ahora y con más amabilidad hacia ti misma.
Esta etapa no viene con respuestas cerradas, pero sí con una gran oportunidad para cada una de nosotras: vivir con más verdad, con menos exigencia y con una escucha más profunda hacia nosotras mismas.
Y si, como decía Ángela, podemos mirar el futuro con curiosidad, quizá este presente sea el lugar desde el que empezar a cuidarnos de otra manera. Con respeto por lo vivido y apertura a lo que está por venir.
Este es solo el comienzo de un camino que seguiremos recorriendo juntas en ¡Vamos 50!
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