Hoy voy a hablarte de cómo gestionar la carga emocional sin desconectar del paciente.
Si trabajas con pacientes con dolor crónico, seguramente hay días en los que sales de la consulta con una sensación difícil de explicar.
Has escuchado sufrimiento, frustración, miedo al futuro… Y aunque muchas veces no te des cuenta, algo de esa carga emocional
se queda contigo…
Por eso debes tener en cuenta que tu consulta no es solo un espacio clínico como tal, es decir no es un lugar donde solo ves un caso médico
más, tu consulta es también un espacio emocional. Cada día escuchas historias de pacientes cargadas de emociones que se van quedando en ese espacio.
Estoy segura que escuchas sufrimiento que persiste en el tiempo, escuchas frustración, miedo al futuro, sensación de incomprensión…
Porque casi todos son procesos largos, con avances pequeños, y muchas recaídas… Y además de todo eso, tú también llegas con tu propia mochila… Con preocupaciones personales, con cansancio acumulado después de muchas consultas seguidas… Con poco tiempo entre paciente y paciente y con la responsabilidad constante de hacerlo bien.
Esta es la razón por la que te digo que no solo es un espacio clínico, sino también un espacio emocional. Y cuando tu carga personal se suma a la carga emocional de trabajar a diario con pacientes con dolor crónico, el desgaste puede aparecer sin que te des cuenta. Incluso mientras estás delante del paciente. Y la rueda no para, y tú estás dentro de ella.
Hoy quiero ayudarte a gestionar esa carga sin desconectarte del paciente. Porque la solución no es endurecerte, pero tampoco es que te impliques hasta agotarte.
La clave está en diferenciar empatía de sobreimplicación.
Pero antes de seguir…… quiero contarte algo. Un poco más adelante voy a proponerte un ejercicio muy breve, de apenas un minuto, lo puedes hacer antes de empezar tu jornada, entre pacientes o al terminar el día. Es una forma sencilla de regular tu carga emocional y de diferenciar lo que te corresponde a ti… de lo que pertenece al paciente.
Volvamos a lo de antes, vamos a entender algo importante y es la diferencia entre empatía y sobreimplicación.
La empatía es una herramienta que te permite comprender la experiencia del paciente validando su sufrimiento, acompañándolo pero
sin perder tu equilibrio interno.
La sobreimplicación aparece cuando cruzas una línea más fina, cuando sientes que la evolución de tu paciente depende exclusivamente de
ti. Cuando la falta de mejoría la vives como un fracaso personal. Cuando te llevas los casos a casa. Cuando necesitas que el paciente mejore para sentir que tú estás haciendo bien tu trabajo. Lamentablemente en profesionales como tú que tratáis diariamente con pacientes con dolor crónico, esto es bastante frecuente.
Debes tener en cuenta que no siempre hay soluciones definitivas. Porque el proceso depende de muchos factores y no de uno solo. Y
porque, cuando ves que alguien sufre durante tanto tiempo, es fácil querer “hacer más” de lo que realmente está en tu mano.
Lo importante es recordar algo muy sencillo, apúntatelo:
“La empatía conecta y la sobreimplicación desgasta.”
Y cuando además ya traes tu propia carga emocional, el riesgo de agotamiento aumenta. Voy a proponerte ahora ese pequeño ejercicio práctico del que te hablaba al comienzo de este artículo. Si tienes un minuto, puedes hacerlo ahora mismo. Y si no, puedes
guardarlo para antes de empezar tu próxima jornada o para el final del día.
Si puedes ahora, ponte cómodo en el lugar donde estés. Quiero que pongas toda tu atención en la respiración. Inhala lentamente
por la nariz… y exhala más despacio por la boca… Haz tres respiraciones conscientes.
Ahora responde en silencio a tres preguntas:
Primera: ¿Cómo estoy yo hoy antes de entrar en consulta? No cómo debería estar. Sino cómo estoy realmente.
Segunda: ¿Qué parte de la carga que siento es mía, ya sea personal o profesional, y qué parte pertenece a mis pacientes?
Tercera: ¿Qué está bajo mi responsabilidad real como médico, y qué no depende exclusivamente de mí?
Haz de nuevo tres respiraciones conscientes para terminar.
Este ejercicio es sencillo, pero poderoso. Porque muchas veces el desgaste no viene solo del dolor que escuchas en tu paciente, sino de
no diferenciar lo que te corresponde de lo que no. Aquí está la clave, ser conscientes de esta diferencia.
En el abordaje del dolor crónico, tu responsabilidad es aplicar tu mejor criterio profesional, acompañar, orientar y sostener el proceso
terapéutico. No olvides que tú no eres responsable de todas las variables que influyen en la evolución de tu paciente.
Y te voy a decir otra frase que no debes olvidar:
“No caminas por él. Caminas a su lado.”
Y para poder seguir caminando a su lado durante procesos largos, necesitas regularte.
Cuidarte emocionalmente no te hace menos empático, te ayuda a poder seguir acompañando a tus pacientes sin desgastarte. Porque la verdadera empatía en el dolor crónico no consiste en sufrir con el paciente, consiste en sostenerle desde un lugar firme, estable y
consciente.
Y recuerda siempre nuestro lema: «Cuida tu mente igual que cuidas tu cuerpo. Cuida tu salud emocional.»
Si quieres saber más sobre nosotras entra en: https://tusaludemocional.es/
Si lo que quieres es seguir leyendo nuestros artículos pulsa en: https://www.tufamiliacrece.es/articulos/